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29 de mayo de 2009

Tricampeones (cara B)

Hay poco más que añadir a todo lo que se ha dicho o escrito: este año el F.C.Barcelona ha realizado una de las mejores temporadas de todos sus tiempos, y todos los culés, y los que sientan simpatía por ellos, han de sentirse de enhorabuena. Una enhorabuena que, aunque sólo sea temporal, les permita dejar a un lado las actuales crispaciones y sinvivires derivados de la situación de crisis que atravesamos.

Lo he dicho ya en numerosas ocasiones: no me gusta el fútbol, aunque no por ello puedo puedo dejar de alegrarme por los éxitos de un equipo de fútbol de mi comunidad (o país, o como le queramos llamar). Una alegría más por simpatía que por afición, y canalizada básicamente en una persona: Pep Guardiola, parte fundamental del espíritu, alma y corazón del actual equipo. Bravo Pep, te lo mereces, y os lo merecéis.

Eso sí, jamás entenderé como un éxito deportivo puede derivar en altercados contínuos con los miembros de seguridad del estado. Siempre que hay una celebración, se provocan destrozos. En Barcelona, concretamente, los desperfectos por la celebración de la Champions se han valorado en 100.000€ (250.000€ durante el mes de Mayo por las celebraciones del Barça), dinero que nos tocará pagar A TODOS. ¿Hay derecho? ¿Hemos de pagar los que no tuvimos nada que ver con los destrozos, el dineral que costará repararlo todo? A toda la gentuza que hayan detenido o fichado, y que tuvieran algo que ver, les haría pagar de su bolsillo cada euro que costarán los desperfectos. A ver si así se les quita la imbecilidad de encima. Robos, pillajes, insultos, amenazas, lanzamiento de botellas... vandalismo.

En fin, basura con la que hay que lidiar en cada acto, ya sean manifestaciones o celebraciones, y a la que habría que aplicarle algún correctivo muy severo.

En fin, únicamente comentar que ahora que todo le va bien al Barça es muy sencillo ser "forofo" o "culé". Lo complicado es serlo cuando las cosas no vayan tan bien, y se deba apoyar al equipo para superar los malos momentos. Porque parece que nadie se acuerda cuando, al cabo de unas jornada de liga, y cuando los resultados no acompañaban, se criticaba a Guardiola diciendo que el equipo le iba grande; o cuando a Laporta se le presentó una moción de censura que no prosperó.

Cosas del fútbol, supongo. Yo por el momento seguiré ejerciendo el rol de espectador. Eso sí, lejos del griterío poseso y de los campos de futbol: desde el sofá, enfrente del televisor, y con una cerveza en la mano.

17 de octubre de 2008

Me cago en... cierto tipo de padres

Sé que no actualizo todo lo que debería. Lo sé. Pero entre las clases, el trabajo, y mi futura mudanza, estoy apenas sin tiempo. Eso sí, de mala leche aún ando sobrado, y de vez en cuando necesito rebajar mis niveles de bilis dándole a la tecla. Y es que en esta ocasión querría dedicarle una bonita y delicada entrada a todos esos padres que dejan a sus hijos corretear a sus anchas por los centros comerciales.

Y es que no soporto ver como algunos críos desordenan, toquetean, manchan, y tiran todo cuanto pueden, bajo el consentimiento o despreocupación de sus progenitores. Verlos como lo cambian todo de sitio, mientras a sus padres les importa tres bledos lo que hagan, siempre y cuando estén entretenidos y no les causen problemas a ellos. Panda de cabrones.

Me pregunto si en sus casas les dejan hacer lo mismo, si les permiten tirarlo todo por los suelos y dejarlo tal cual. En ese caso, no querría indagar más ni enterarme de qué tipo de educación le están dando a los chiquillos. Allá cada cual. Puertas adentro, en sus casas, que hagan lo que les de la gana, siempre y cuando no perjudiquen a nadie, pero fuera creo que es exigible un mínimo de civismo y control. Una educación que, por lo visto, algunos olvidan impartir.



Los niños, los pobres, no tienen la culpa. Los culpables son los padres que les permiten dar rienda suelta a su comportamiento, provocando que los que trabajamos en algún centro de cara al público tengamos que ir recogiendo la mierda que, tanto ellos como sus retoños, van sembrando por donde pasan. Para ellos pido pues la castración.

Y es que los hay que deberían tener prohibido el traer descendencia al mundo. Con ello se contribuiría a hacer de éste un lugar mejor. O, como mínimo, más cívico.

P.S.: Ahora me tocará ponerme al día con vuestros blogs...

17 de septiembre de 2008

Me cago en... la fiesta del toro alanceado de Tordesillas

Asco. Repulsa. Vergüenza. Rabia. Dolor. Estas son algunas de las muchas sensaciones que me provoca el ver, año tras año, como se lleva a cabo una de las tradiciones más antiguas de España: el toro alanceado de Tordesillas (Valladolid).

¿Y en qué consiste este festejo? Pues en dejar ir a un toro por las calles del pueblo, empezando en la Playa Mayor, y en dirección a un puente. Una vez allí, el toro es dejado a su suerte, mientras lo persigue un tumulto monumental de centenares de personas a pie o a caballo, provistos con largas lanzas, que deberán darle muerte antes de que éste pueda llegar a una zona delimitada como resguardo, la que sería su salvación. Es decir, la fiesta consiste en asesinar a un animal asustado con lanzas de tres y cuatro metros de longitud y ojas afiladas de más de treinta centímetros, torturándolo, aplaudiendo y jadeando su lenta y dolorosa agonía. Con el pobre animal exhausto, chorreando sangre, con la carne destrozada por las lanzadas, y mugiendo de dolor y espanto, hasta que se derrumbe a consecuencia de las heridas. El mozo que consiga darle el lanzazo mortal tiene el derecho de arrancar los testículos al toro y mostrarlos orgulloso en el extremo de su pica. El Ayuntamiento, además de permitirlo, otorga al ganador una insignia de oro y le obsequia con una lanza de hierro forjado.

Esta indecencia, este horror, lleva cometiéndose desde hace tres siglos, aunque la junta de Castilla y León lo prohibió durante unos años. Pero lo más inexplicable de todo es que, pese a que hasta 1999 este festejo era ilegal, la junta de Castilla lo legitimó y volvió a poner en práctica.


Valientes hijos de puta, que además se resguardan en la palabra "tradición" para llevar a cabo abiertamiente su sadismo e indecencia, vejando a un pobre animal indefenso que no entiende por qué le están haciendo eso. Pero no sé de qué me extraña, aquí somos expertos en lo del maltrato animal. Tenemos un auténtico menú completo en lo que a ello se refiere: corridas de toros, lanzamientos de cabras desde un campanar, degollar gallos a golpe de espada, el ahorcamiento de galgos y perros de caza cuando éstos se hacen viejos, etc. Pero es que "el Toro de la Vega" es una de las máximas barbaries de la actual decadencia humana.

Así que, después de explicaros en qué consiste este festejo, y como este es mi blog y escribo en él lo que me sale de los cojones, diré que les deseo a todos esos "heroicos lanceros de la Vega" que sufran una tortura parecida, y que, cuando estén delirando de la agonía, algún verdugo les corte en vida esos dos cojones de los que tanto se jactan durante su "fiesta". Igual que hacen con el pobre animal.

Y sí, esta gentuza, esta chusma cobarde, se merece inaugurar una nueva etiqueta de entrada para este blog. Panda de miserables.
 
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