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27 de mayo de 2009

Buenas noches, ¡¿tu respuesta...?!

Se supone que hoy debería escribir una entrada sobre los momentos previos de ese partidazo que seguro ofrecerán Barcelona y Manchester en la final de la Champions. Una entrada en la que alabara el sacrificio y buen juego de toda la plantilla culé, y lo bonito que sería ver como se consigue el triplete, y como esto cambiará la vida a todos los catalanes nacidos y por nacer. Pero paso, para estas cosas ya está TV3, que está cayendo en un forofismo enfermizo y extremo que me repugna nada más encender el televisor. Jamás entenderé como pueden darle en sus noticiarios más minutos al futbol que, por ejemplo, a la política. ¡Incluso de madrugada!

Así que agarré el mando, y empecé a surfear en los diferentes canales de ese "fantástico invento" (véanse las comillas) llamado TDT. Fabuloso. La mitad de sus canales únicamente se dededica a anunciar productos de teletienda, y otra cuarta parte, a emitir programas de teletimo, como "Marca y gana", "Ganas de ganar", "Supernova", y muchos, muchísimos otros. Aquí un pequeñito ejemplo de las perlas que uno se encuentra encendiendo el televisor de madrugada:




















Grandes Hermanos reconvertidos en presentadores, chulitos de gimnasio, abrazafarolas de discoteca, pedorras recauchutadas, loros con exceso de verborrea... y ahora, además, personajillos salidos de otros realitys/concursos, que, después de quemar todas sus posibilidades de plató en plató, han acabado firmando un contrato para un programa de estos y así alargar nuestra agonía televisiva.

¿Esta es la televisión de calidad que se prometía? ¿Este es el gran escaparate de programación a la que tenemos acceso? ¿Teletimos a todas horas y un 60% de programas en re-emisión constante? De puta madre.

23 de febrero de 2009

De vuelta al blog: Pablo Motos me cae gordo

Después de un largo de silencio, de una ausencia prolongada en lo que al blog se refiere, he vuelto. Y esta vez, espero, será para quedarme. Y es que en los últimos meses ha habido "demasiada actividad" en mi rutina diaria, y no tenía ni inspiració, ni excesivo tiempo que dedicarle a este modesto espacio. Pero eso ahora ha cambiado. Todo vuelve a la normalidad.

Estaba dudando entre muchos y variopintos temas con los que emprender una nueva entrada: empezando por un reciente y genial viaje a Carcasonne que realicé el fin de semana pasado con la persona más especial que tengo, y acabando en la ceremonia de los Óscar. Pero mientras tomaba la decisión y miraba de reojo el televisor, me he topado con El Hormiguero, y ahí me he decidido: un programa dinámico, divertido, con muchísimo ritmo, con colaboradores divertidos y espontáneos... pero con un presentador con excesivas ansias de protagonismo: Pablo Motos.

No lo voy a negar, Pablo Motos siempre me ha encantado porque, además de ser un gran profesional, siempre ha conseguido dibujarme una pequeña sonrisa en el rostro, y eso es algo queme sucede con pocos de los llamados "cómicos" de este país. Lo descubrí presentando el programa matinal No somos nadie en M80, y lo seguí con algo de regularidad tanto en lo que a radio se refiere, como en sus intervenciones en El Club de la Comedia, hasta que abandonó ambos para emprender el proyecto de El Hormiguero en la recién nacida Cuatro. Y luego ahí consiguió captar mi total atención.


Surgía un programa nuevo, rompedor, con un ritmo desenfrenado, divertido, fresco... pero también, y es solo una opinión personal, demasiado ruidoso (excesivos gritos y bailes sin sentido alguno) y con unas entrevistas desastrosas en las que lo que menos importa es la opinión del invitado (aún me vienen a la mente la que le hicieron a Batista, wrestler de la WWE; o a Matt Dallas, protagonista de la serie Kyle XY). Pero como todo producto, siempre tiene sus más y sus menos, y no tardó en triunfar en la recién nacida cadena, catapultando a Pablo como una de las estrellas de Cuatro. Y ahí fue cuando empecé a aborrecerlo.

El elemento clave de los experimentos químicos lo ponía él; en las entrevistas intentaba no quedar eclipsado por el invitado, dejando constancia de que, más que un humorista, ya es un showman; muchas de las bromas giran entorno a su figura y a cosas que hace o hizo tiempo atrás (véase un anuncio de Colgate); etc. Eso sin olvidarme del montón de minutos que dedicaron a ver como él, que físicamente era un esmirriao, se convertía en un geyperman cachas y guaperas. El ver programa tras programa como la figura de su presentador toma excesivo protagonismo es lo que ha hecho que ya no vea con la misma regularidad El Hormiguero. Y es lo mismo que ha provocado que cuando escuche el nombre de Pablo Motos se me haga una bola en la garganta, como si de un empacho de polvorones se tratase. Ojalá, pronto, cambie el rumbo del programa y vuelva a sus inicios. De lo contrario veremos como el mito de Narciso, de Ovidio, toma forma en pleno siglo XXI.

P.S.: Y mañana, a ponerme al día visitando vuestros blogs. ¡Hasta pronto!

15 de septiembre de 2008

¿Funciona?

Mi pareja dice que, en ocasiones, cuando me explayo charlando, la cago. No sé si se deberá a mi incontinente labia, de que soy adicto a meter la pata... o a que me encantan los yogures Danone Activia. Sí, exacto, esos yogures que anunciaba José Coronado y que te prometía que ayudaban a regular tu tránsito intestinal, lo que traducido al español de calle sería un "que te ayudan a cagar".

No es que me guste demasiado ver la televisión, pero me engancho a todo lo que dan y tengo la oreja tiesa en todo momento. Y no me han pasado inadvertidos sus anuncios en los que se dice que si no te "funcionan", te devuelven el dinero.

La cosa está en comerlos durante 14 días, y si no consiguen provocar carreras en dirección al retrete, los señores de Danone te abonarán el importe de los yogures.

¿Pero ésto cómo se demuestra? ¿Debes poner una cámara en el cuarto de baño a lo Gran Hermano para demostrar que no acudes a él a reforestar los bosques? ¿Viene un notario a dar fe de la ingesta de los yogures y del resultado de éstos? Necesito explicaciones.

Además, ¿por qué siempre en estos anuncios únicamente aparecen chicas? A ver si será que las que no podéis cagar sois vosotras... A ver si el que yo la cague es lo más normal del mundo... Toma nota cariño.

5 de mayo de 2008

La verdad duele

Últimamente me encuentro con que todos los jueves, una manada de histéricas que se sientan en la parte de atrás de mi clase comentan qué esperan encontrarse esa misma noche en televisión, concretamente en Operación Triunfo. Y no me refiero a qué canciones interpretarán los concursantes, ni tampoco qué coreografías llevarán semi-aprendidas, ni quién será el favorito de la gala. Estoy hablando de las críticas del jurado hacia las actuaciones vertidas. Más concretamente, las críticas de Risto Mejide.

Para unos se trata de un genio, para otros de un hijo de la gran puta. ¿Y qué opino yo? (que para algo es mi blog) Pues que es un genio, de esos que muy de vez en cuando aparecen y nos permiten sonreír en frente del televisor, sabiendo que lo que nos entra por los ojos no es mierda edulcorada. Risto, además de ser un premiado publicista, es el único miembro del jurado de un concurso en decadencia que se atreve a decir aquello que otros sólo piensan. Directo, sin florituras, como un espadachín que efectúa una estocada certera. En un concurso que busca talentos en dónde no se encuentran no vale el bisturí. Se deben decir las cosas tal y como son, y eso es lo que él hace. No son ofensas, ni insultos, ni faltas de respeto. Son puras y llanas palabras, reflejo de la realidad que, un día u otro, ese chaval o chavala se encontrará cuando salgan a la calle. Cuando dejen ese mundo de ensueño que es Operación Triunfo, en el que a uno lo miman, lo ayudan, le componen el tema, y lo empujan al escenario.

La vida de a pié no es lo que se encuentran una vez que entran ahí: éxito mediático, sueldos importantes, sentirse reconocido y admirado, jaleado por las calles, etc. El día a día es duro, y es para quién lo pelea con uñas y dientes, para quién se hace valer, y, a su vez, demuestra que lo vale. Y ahí es dónde entra el término de "producto" que tanto le gusta usar a Risto. Convertir a alguien en un producto es la única forma de llegar al público y permanecer en el recuerdo. Para ello es necesario innovar, llegar a un público superior a lo que ya existe, y, sobretodo, resultar rentable. Pero de la misma forma en que puede ser susceptible de ser consumido, también puede ser ignorado por el mercado. Y eso significaría convertirse en un juguete roto. En alguien a quién la fama levantó de un soplo y dejó caer a los pocos metros desde una considerable altura. Lo que él hace con los chicos es prepararlos para el exterior, pues éste está lleno de tiburones, buitres y sanguijuelas que los desangrarán vivos, los utilitzarán, y luego los tirarán sin mediar palabra, como si fueran un kleenex.

Es cierto, y sería muy demagogo si lo negara, que la actuación de Risto Mejide en televisión es la de un producto. Su producto. Él siempre ha dicho que en Operación Triunfo tiene un comportamiento que puede diferir y difiere del que muestra en su premiada agencia de publicidad. Pero es su comportamiento, es su producto, es su éxito. No importa que lo consideren un chulo o un gilipollas; no importa que lo amen o que lo detesten, que lo exhalten o que lo aborrezcan. Lo importante es estar en boca de todos. ¿Acaso no es eso lo que buscan los publicistas? ¿Y qué se supone que es OT y qué ha de hacer con los concursantes que entren? Pues eso mismo.

He de admitir que lo admiro, y mañana, sin falta, y pasadas las compras compulsivas y, en demasiadas ocasiones, mediáticas de Sant Jordi, me encaminaré a alguna librería a por su libro, "El pensamiento negativo". Y oye, ojalá pueda seguir oyendo durante mucho más tiempo a esas histéricas del fondo sur de mi clase como preparan el avantmatx de la gala de los jueves.
 
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