4 de septiembre de 2008

Estupidez sin fronteras

Alguien que sabe lo mucho que me encantan las cadenas, me ha propuesto para responder ésta en la que dejar constancia de mi grado de estupidez. Aquí la sorpresa estará en ver hasta qué nivel puedo llegar. Así que, sin más preámbulos, empezaré a marcar con una "x" aquello que me haya sucedido en alguna ocasión, y así salir de dudas:

1. [x] Que se te caiga el chicle de la boca cuando estas hablando.
2. [x] Saludar a alguien en la calle por equivocación.
3. [x] Golpearte con una puerta o algo transparente.
4. [x] Llamar 2 o más veces al mismo número cuando te dijeron: “equivocado”.
5. [x] Pensar algo divertido y te empiezas a reír y la gente se te queda mirando raro.
6. [x] Golpearte con un árbol/poste/cartel mientras caminas.
7. [] Te es posible chuparte el codo.
8. [x] Al leer esto, acabas de intentar chupar tu codo. (lo intenté chupar la primera vez en leerlo)
9. [x] Mandar un mensaje de texto a la persona incorrecta.
10. [] Ponerte el zapato izquierdo en el pie derecho y/o viceversa.
11. [] Salir con la etiqueta de la ropa nueva a la calle.
12. [x] Ahogarte con tu propia saliva.
13. [x] Ir a un lugar en tu vehículo y volver caminando. Se cuenta la bici.
14. [] Confundir la sal con el azúcar en las comidas/bebidas. (hasta he confundido el aceite con el vinagre)
15. [] Abrir al revés la caja de fósforos.
16. [] Abrir el bidet y mojarte la cara con el chorro.
17. [x] Tragarte un insecto sin querer.
18. [] Incendiar algo accidentalmente.
19. [x] Intentar tomar un sorbete con la boca y se te va por la naríz/ojos.
20. [x] Dormir y despertarte todo babeado.
21. [x] Dormirte en clase.
22. [x] Destapar la gaseosa y salpicarte, cerrarla, abrirla y volver a salpicarte.
23. [x] Contar algo y olvidarte de lo que hablabas.
24. [x] Llegar al mostrador y olvidarte de lo que ibas a comprar.
25. [x] Querer servir la bebida con la botella tapada
26. [x] Usar los dedos para hacer sumas simples.
27. [x] Dormirte en el colectivo y pasarte de la parada.
28. [] Cerrar la puerta, que abre solo de adentro, y dejar las llaves de ese lado.
29. [x] Ponerte la ropa al revés o del lado equivocado.
30. [x] Buscar algo por todos lados y que lo tenías en la mano.
31. [] Abrir el bidet y que el agua salga demasiado caliente.
32. [] Ir a votar y no llevar el DNI.
33. [x] Tragarte el chicle.
34. [x] Ir a comprar y no llevar el dinero.
35. [] Hacer una cola de 3 hs que no era.
36. [] Agarrarte los dedos con el ventilador de techo.
37. [x] Tirarte al agua y rasparte la cara contra el fondo.
38. [x] Largar una carcajada con la boca llena de líquido y escupir todo.
39. [] Ir caminando, que se te salga el zapato y tener que volver a buscarlo
40. [] Quemarse los pies con la arena y disimularlo.
41. [x] Salir o entrar al agua y que se te baje la po... (perque no tengo....)
42. [x] Entrar al departamento o coche equivocado.
43. [x] Que se te caigan objetos al inodoro.
44. [x] Caerte de la cama.
45. [x] Entrar al baño del genero equivocado.
46. [x] Inclinarte el vaso antes de llegar a la boca y chorrearte.
47. [] Dejar el auto sin freno de mano y que se te vaya cuesta abajo.
48. [] Prender el cigarrillo al revés e intentar fumarlo.
49. [] Decirle mama a la profesora.
50. [] Chocarte con alguien en la calle y salir los dos para el mismo lado.

Y... tatatachán... 32 de 50, y eso que algunas no las he marcado por diferir en algo o estar poco matizadas. Supongo que mi grado de estupidez ya se acerca al gilipollismo crónico. Debe de ser congénito, que no lo puedo evitar por mucho empeño y buena voluntad que le eche al asunto. Que soy un pata negra, vamos.



Y como siempre que propongo a alguien para un juego de éstos, jamás lo hace, dedicaré el espacio a explicar alguna de las respuestas. Del por qué las he marcado o no:

3. [x] Golpearte con una puerta o algo transparente. <------ ¿Alguien no ha entrado nunca en algún laberinto de cristales/vidrios? Pues una de las primeras veces en que yo lo hice, harto de dar vueltas sin sentido, y pensando vislumbrar la salida, eché a correr, golpeándome contra un vidrio y abriéndome la frente. Toma ya.

22. [x] Destapar la gaseosa y salpicarte, cerrarla, abrirla y volver a salpicarte. <------ Pues sí, dos veces me sucedió. Y en la culminación del acto, para que no derramara más, decidí empezar a chuperretar todo lo que derramaba, provocando que me saliera a presión por ojos y nariz.

41.
[x] Salir o entrar al agua y que se te baje la po... <------ Esto ya quedó atrás, ahora el truco está en hacer un pequeño hoyo en la arena y tumbarse boca abajo, permitiendo que nuestro "amiguito" tenga espacio en el que explayarse.

42.
[x] Entrar al departamento o coche equivocado. <------ Ésta la he marcado, pese a no llegarla a cumplir. Me ha ocurrido tanto yendo a por el coche, como volviendo ebrio a mi piso de Barcelona. Y digo que no se llegó a cumplir, puesto que ninguna de las llaves consiguió abrir la puerta equivocada.

En fin, miraré a ver si tengo algún cupón descuento para hacerme una lobotomización.

2 de septiembre de 2008

Generalizaciones, prejuicios, y la madre que los parió

Ahora que trabajo y que, como corresponde, cobro por las horas realizadas, me puedo permitir uno de los lujos que últimamente sólo están destinados a la gente de clase alta: llenar el depósito de gasolina. Así que no me preocupa realizar más o menos kilómetros con el coche, ya que la tarjeta de crédito aún no corre peligro de quedarse anoréxica.

Total, que hoy he ido a la gasolinera habitual y mientras hacía cola para pagar, he escuchado una conversación entre uno de los dependientes y un cliente:

Dependiente: ¿Sabes que el otro día un negro se fue sin pagar la gasolina?
Cliente: No me extraña... esta gente viene aquí para robar o para hacer el vago.
Dependiente: Pues sí. Para eso que se queden en su país.
Cliente: A la cárcel los metía yo a todos.
Dependiente: Es que no es cuestión de ser racista o no, pero es que son mala gente.

Charla de nivel, of course. Y es que una de las cosas que me repatean el hígado son las generalizaciones. Y no hablemos ya de si les da por criminalizar a los susodichos con los que generalizan. Si a un chico de 18 años le da por poner la música a toda pastilla molestando a los vecinos, es que los jóvenes son unos maleducados e incivilizados. Si una persona de étnia gitana vive en una chavola y malvive robando, es que los gitanos son unos inadaptados, unos criminales, y unos vagos. Si una chica está con dos relaciones diferentes en un corto período de tiempo, es que las chicas de hoy en día son todas unas putas. Si un africano agrede a otra persona, es que los negros son abominables, y habría que colgarlos a todos del cuello en un árbol en pleno África para que los leones les royeran los huevos. Si un chaval hace botellón en un parque, es que los jóvenes son unos borrachos. Si a un chico le gustan las películas dramáticas y que éstas le hagan llorar, es que es marica. Si un hombre musulmán vende droga en un portal a los chiquillos que pasan por delante, es que los moros deberían ser echados del país. Si un albanés asalta un chalet, es que todos tienen por hobbie colarse en casas ajenas y desvalijarlas. Si un japonés sufre alucinaciones debido a un exceso de horas frente a los videojuegos, es que éstos son perjudiciales y dañinos. Si a un punk le da por pegarle un sopapo a un tío, éstos son unos violentos, y la música punk, el opio con el que hay que acabar. Si en Estados Unidos hay muchas muertes al año por armas de fuego, la culpa la tiene el cine de acción, por lo que habrá que seguir rodando peliculones del tipo Una rubia muy legal 2 y similares. Y así un largo, larguísimo etcétera.



Ésta mañana me he levantado con un dolor de barriga tremendo, y después de escuchar su charla me han dado ganas de desatarme el cinturón, bajarme los pantalones, y plantarles un bonito y generoso zurullo encima del mostrador a modo de propina, para que vean que no deben caer en las generalizaciones. Que yo, como catalán, de tacaño tengo muy poco.

Gilipollas.

1 de septiembre de 2008

El fascinante mundo de la mierda por fascículos

¿Quién no ha deseado alguna vez tener una colección de dedales de porcelana adornando sus estanterías? ¿Alguien en su sano juicio no querría tener en casa una muestra de ferúmen de las orejas de los mamíferos del campo manchego? ¿Y quién no tiene reservada ya la colección de joyas del cine de Bhután en LaserDisc? Ohhh... y es que ya estamos en pleno septiembre, y con él nos llega la avalancha anual de colecciones de en fascículos.


Y es que los hay para todos los gustos: que si los cursos de inglés, francés, alemán, italiano, noruego, silvo canario... pasando a las de maquetas, dedales de porcelana, libros de diferentes autores, e ¡incluso rosarios! Hay muchísimo en dónde elegir, y también en dónde ser timados. Y es que, por poner un ejemplo, algunas colecciones de maquetas, como podría ser la de montar una casita de muñecas barroca (olé los cojones de los creativos) consta de unas 100 entregas que, además de aumentar el precio a medida que avanza el número de los fascículos, la finalización de ésta puede rondar los dos años, dando lugar a que las muñecas de la dichosa casita se conviertan en mujeronas y les llegue la menopausia. Digo yo que si lo que queremos es montar una maqueta, nos la compramos en su caja, con la totalidad de sus piezas, sin tener que esperar, y con un precio un 50% inferior al del coleccionable. Pero bueno, de caras a iniciar una colección de bombonas de butano del mundo, quizás sí nos resulta más rentable tirar de los coleccionables que no buscar alternativas.

Supongo que el hecho de que nos enganchemos a ésto se debe a que las personas, debido a que vivimos en un estresante mundo en el que todo sucede a un ritmo vertiginoso, necesitamos acogernos a una rutina, a una "preocupación", a algo que nos mantenga en constante ocupación. La durabilidad de las colecciones nos permite ahondar en nuestra capacidad en frente a las responsabilidades y, de paso, fomentar la rutina en la que se convierte en adquirir los diferentes fascículos. Algo parecido a lo que sucede con el blog y con el hecho de mantenerlo actualizado periódicamente.

Personalmente, prefiero hacerme con el objeto o colección completa desde el primer momento, en una tienda especializada en la que podré adquirirlo más barato, más rápido, con mejor asesoramiento, y seguramente con mejor calidad. Además de ésto, cuando colecciono alguna cosa me gusta ver en ella un tiempo y un esfuerzo dedicado a su adquisición. No únicamente un gasto económico, sino un trabajo tras ella buscando, comparando, o persiguiendo los diferentes objetos de dicha colección. Y como auténtico fanático del cine, disfruto muchísimo buscando ediciones descatalogadas en dvd, ediciones especiales, y rarezas jamás editadas, o simplemente comparando precios y buscando en qué tienda puedo encontrarlas más baratas. La adquisición de cada una de ellas me provoca una satisfacción que es imposible comparar con la que me pueda provocar adquirirlas mediante un fascículo. Pero nada, me doy con un canto en los dientes y, a la vez, me bajo los pantalones y quito el sombrero ante la genialidad de la mente de algunos.

En primer lugar (y a ésta le doy un agradecimiento propio), por obsequiarnos con una fantástica colección de, únicamente, 90 entregas para montar nuestro propio cutre-reloj de cuco. Un reloj que de buen seguro nos proporcionará tranquilidad en casa, libres de visitas inoportunas e inesperadas, puesto que con esa horterada colgada de una de nuestras paredes, nadie querrá acercarse a nosotros ni tener nada que ver.


Ésta cara de lelo es la que se le queda a uno tras gastarse 715,50€ en esa mierda reloj de cuco

En segundo lugar, por acercarnos el fascinante mundo de las figuritas de plomo. Que si bomberos de la historia, soldados franceses, caporales de la 2a Guerra Mundial, caballeros medievales, soldados de la antigüedad, fuerzas de élite, figuras de pesebre... y en breve la de juguetes rotos salidos de Aquí hay tomate.

En tercer lugar, por traernos en réplicas todos los modos de locomoción posibles. Taxis del mundo, coches deportivos, motos hippies, bicicletas de la historia, motos de campeones, aviones, camiones, vehículos comerciales, furgonetas de antaño, tanques americanos, o helicópteros famosos (incluído el del accidente de Rajoy).

En cuarto lugar, por permitirnos montarnos nuestro propio chalecito por poco menos de 1000€. Que si una casa de muñecas, que si una casa mediterranea, una casa de muñecas barroca, tu casa rústica, tu cocina modernista... y demás soplapolleces.

En quinto lugar, por adornar nuestras estanterias de chorradas como una colección de abanicos, de dedales de porcelana, de vajillas de Winnie the Pooh, de taparrabos de Mickey Mouse, de réplicas de botes de colonia, de plumas estilográficas, de banderolas del mundo, de madelmans o geipermans gays, o de botellines de calimocho.

Y en sexto y último lugar, por darme carnaza con la que poder escribir esta entrada. Manda huevos.

21 de agosto de 2008

Colección Verano 2008

Una de las cosas que me encanta del verano es poder pasear por las playas y paseos de zonas costeras, disfrutando del clima y del ambiente, en actitud de voyeur con todo aquello que me rodea. Y es que nuestro clima, el sol, y las playas, atraen a la masa turista, igual que la mierda lo hace con las moscas, con lo cual nuestro litoral se llena de gentes venidas de todos lados, creando una comunidad cosmopolita a orillas del mar. Sí, está claro... turismo cultural se le llama (por los cojones).

Viéndolos uno se da cuenta de la grandeza que ha supuesto la globalización. Que haya personas tan distintas, de lugares tan remotos y lejanos, y que, una vez aquí, sea casi imposible distinguirlos. Es como si nuestro país los alelara y empujara a actuar del mismo modo, a ser autómatas incapaces de hacer nada "diferente". Y es que el que viene a España/Catalunya (por el caso concreto del que hablo) y no se deja estafar con los precios demenciales del chiringuito, no se atiborra a base de paellas asesinas, emborracha con sangrías de destrucción masiva, o no compra un toro o una bailaora' sevillana, es como si no hubiera disfrutado plenamente de las posibilidades que le ofrece el país. Y esto no me lo invento yo, puesto que las encuestas que realiza la Consejería de Turismo así lo confirman.

Claro que, además de esos intereses culturales (desde que alguien dijo que comer también era cultura, los chiringuitos costeros se están llenando los bolsillos... y los turistas la panza a base de arroz rancio y cerveza aguachirrá), nuestros turistas, después de 2 días de sol y fiesta nocturna, acaban pareciéndose los unos a los otros.

Para empezar, la mayoría de ellos tiene un tono de piel bastante moreno debido al sol. Pero no un tono moreno-mulato, sino negro-congoleño. Parece que vengan con la idea de que la crema solar es un invento del Corte Inglés para sacarse cuatro perras, y que pasen de ella igual que si fuera un timo, con lo cual se explicaría ese ennegrecimiento de algunas mujeres. Por el lado masculino, el efecto ennegrecedor no predomina demasiado, pero sí el tono rojo-gamba, dejando constancia de qué prenda se ha vestido, visualizándose en sus esbeltos cuerpos (curtidos a base de tapitas y cervezas a mansalva) zonas blanquecinas en las que no ha dado el sol. Como diría el Gañán: "se produce el efecto fresa-nata, que queda muy sexy".

En lo que respecta al atuendo, en hombres está más que consolidado el uso de sandalias con calcetines blancos. Está probado: un paseo de 2 horas convierte los posibles hongos de pies en musgo, ideal para cuando toque montar el pesebre. También es bueno saber vestir bien, y colocarse el bañador o en la zona del sobaco, o justo en la cintura ,pero muy apretado, que provoque que las lorzas cuelguen por los lados, y que parezca que tenem0s un par de asas para el agarre). Pero aunque pueda parecer que los hombres nos hemos vuelto coquetos y presumidos, son ellas quienes se muestran más despampanantes.

Y es que la performance perfecta para disfrutar de un día de playa es ir con toda la pedrería que tengamos por casa, ya sean anillos, brazaletes, pulseras... (si es necesario, nos colgamos la lámpara de araña en la oreja a modo de pendiente), y un sutil y delicado maquillaje de brocha gorda, que cuando nos metamos en el agua generemos una marea multicolor que rivalice con las manchas del carburante de las barcazas. También es aconsejable usar un bikini de poca tela. Ya se sabe, cuantos más kilos, cartucheras, y celulitis haya, más diminuto ha de ser. También uno debe sugerir el uso de tacones para ir a la playa, lo cual, no me preguntéis el por qué, está bastante extendido por Palamós (debe de ser para evitar ser arrastrado por el fuerte viento u oleaje, en el caso de que haya mal clima).

No son cosas extraordinarias ni difíciles de ver, sino que están más que arraigadas entre la masa turística. Así que, si no tenéis nada mejor que hacer, id a la costa a deleitaros la vista y a tomar nota de caras a lo que queda de verano. Que no todo ha de ser Zara, H&M y demás tienduchas... que con un par de eurillos, mucha poca-vergüenza, y una boutique de playa (como las llaman algunos), podemos ir a la última en lo que a diseños veraniegos de importación se refiere.

11 de agosto de 2008

Lo primero es lo primero

Estoy hecho polvo. Esta noche pasada no he pegado ojo y hoy he llevado a cabo una dura jornada laboral de 12 horas. No me siento las piernas, y eso que estamos a lunes. Ha habido problemas a doquier, gritos, quejas, carreras, una pequeña inundación, y alguna cosilla más que ahora no recuerdo. Pero de entre toda esa maratoniana y caótica jornada en el tajo, no todo ha sido malo, y es que la comida corría a cuenta de la empresa. Y oye, no tenía ni pizca de hambre, pero si una cosa he aprendido en esta vida es que aquello que te den como "gratis", acéptalo aunque luego sea una mierda. Así que me he guardado en la mochila mis suculentos bocadillos de chopped (a un servidor el sueldo no le llega para nada de más calidad) y me he aventurado a disfrutar de un restaurante de forma gratis. Pero... ¿esto realmente importa para lo que voy a explicar? Pues, la verdad, no demasiado. Únicamente es para fijar un contexto.

Sentados en el restaurante, y mirando fíjamente el folio del menú, adornado con bonitas imágenes prediseñadas de windows, he avistado a una pareja que comía a destajo en una mesa situada al fondo del comedor. Viéndolo a él daba la sensación que se fuera a acabar el mundo. Aún no había acabado de masticar el trozo de ternera, y ya estaba empujándose uno nuevo con un trozo de pan, mientras la salsa le chorreaba mentón abajo. Los cubiertos estaban de más. En eso que su pareja (o lo que fuera la mujer que se sentaba a su lado) se le acercó para besarle en la mejilla, y él, en la línea de lo que esperaba, dejó ir un "mientras como, no me molestes". El hombre siguió a lo suyo, impasible, totalmente absorto de la reacción de decepción de la mujer. Así que de pronto recordé esas tardes con mi abuelo, sentado en el banco de un parque, viendo a las palomas colonizar el parque en el que me divertía de crío.

Y es que me hacía muchísima gracia ver como andaban, con ese movimiento hipnotizante de cabeza. Me gustaba llevarme migas de pan seco en una bolsa para alimentarlas y que se juntaran alrededor mío. Y siempre encontraba a algún Don Palomo, con el cuello hinchado, sacando pecho, con aspecto muy varonil y atrevido, persiguiendo algún fornido culo o las robustas pechugas de una grácil paloma. Pero oye, era tirarle una miga de pan, y el calentón del ave pasaba a un segunto término, y éste se centraba en el papeo.

Parece que, tanto en animales como en las personas, lo importante es llenar la barriga. Para lo otro, por lo visto... siempre quedará el recurso del porno, el cual según las estadísticas es consumido por un 85% de la población. Poco me parece.



6 de agosto de 2008

Exceso de azúcar

Hoy no había luna llena, y tampoco se ha anunciado una alineación de planetas que afectara a Cáncer, mi signo zodiacal. Tampoco recuerdo haberme dado de cabezas contra el pavimento, o tomarme alguna sustancia que me dejara en estado catatónico (sin contar el ron, claro está). Si enciendo el televisor, no me encuentro con ningún Galimatías proclamando que corren tiempos raros y que actuaremos de manera poco común. En definitiva, que no hay ningún indicio claro que me explique el por qué de mi comportamiento actual.

Como casi cada día, me he puesto el despertador a las 5:10 de la mañana para poder acudir al trabajo, pero con la pequeña diferencia de que hoy le he arreado un guantazo, lo he metido en el cajón, y he seguido durmiendo, provocando que, al volverme a despertar, me diera cuenta de que tenía únicamente tres minutejos para asearme y salir cagando leches. Pero no me he puesto nervioso, he sonreído al constatar que soy un desastre para madrugar, y he salido en dirección al curro, sin mucha prisa, pero tampoco sin tiempo que perder. De camino con el coche me he encontrado al típico "pisamierda" que decimos en Girona, un conductor que, además de ocupar tanto el carril derecho como el izquierdo, no supera los 40km/h de velocidad. En vez de soltarle un educado y cordial "hijoputa acelera, ¡que llego tarde!", le he hecho luces y lo he adelantado sin ningún tipo de complicación.



Una vez en el curro, me ha "explosionado" una pistola con pegamento, impregnándome entero de tal sustancia, y no he tenido más remedio que afeitarme los brazos en un paso más hacia la metrosexualidad, evitando así tener que arrancarla a pellizcos. A los pocos minutos, el encargado se ha puesto a chillarme (aún espero que me diga el por qué) y yo, en lugar de pedir perdón automáticamente o mandarlo a tomar por culo, le he sonreído. provocando que gritara aún más (y como digo, sin tener ni idea del motivo).

Una vez en casa, y presa del agotamiento, he intentado pegar una cabezadita, pero a los pocos minutos ha sonado el teléfono y, sin mirar siquiera quien llamaba, he decidido apartar el sueño y contestar. Me ofrecían una tarifa telefónica supermegachachi, la cual me importaba tres cojones, pero que he dejado que la chica me intentara vender con su labia. Una labia, por cierto, bastante penosa... otro día que me mande el folleto y acabamos antes, porque leyendo literal de un papel no va a lograr convencerme. Después, como si todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo, llamaron a la puerta, encontrándome a los de Testigos de Jehová enfrente, con amenazante sonrisa. Estuve charlando con la chica sobre una revista que me dejaron para informarme, pero sin llegar a ningún punto en común. Nada que hacer. Pero ella me agradeció el tiempo y la atención y “amenazó” con volver a pasarse con un nuevo número.

Ya despejado del todo, he decidido encender el televisor y ver cualquier cosa mínimamente decente (algo muy complicado en fechas veraniegas), y me he quedado enganchado a una de esas películas ñoñas y pastelosas, en las que todo es maravilloso, los sentimientos muy profundos, y en dónde lo peor que sucede es que se le acaben los tampones a la protagonista. Vamos, uno de esos films empalagosos como un sorbete de mazapán.

En otras circunstancias, hoy hubiera sido uno de esos días en que hubiera mentado a la madre de mucha gente, y que me hubiera dejado un cabreo encima hasta el momento en que me fuera a acostar. Sin embargo, no ha sido así.

Debe ser que Cupido ha hecho puntería. Y que a mí me ha clavado una de sus flechas.

 
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