Después de un largo de silencio, de una ausencia prolongada en lo que al blog se refiere, he vuelto. Y esta vez, espero, será para quedarme. Y es que en los últimos meses ha habido "demasiada actividad" en mi rutina diaria, y no tenía ni inspiració, ni excesivo tiempo que dedicarle a este modesto espacio. Pero eso ahora ha cambiado. Todo vuelve a la normalidad.
Estaba dudando entre muchos y variopintos temas con los que emprender una nueva entrada: empezando por un reciente y genial viaje a Carcasonne que realicé el fin de semana pasado con la persona más especial que tengo, y acabando en la ceremonia de los Óscar. Pero mientras tomaba la decisión y miraba de reojo el televisor, me he topado con El Hormiguero, y ahí me he decidido: un programa dinámico, divertido, con muchísimo ritmo, con colaboradores divertidos y espontáneos... pero con un presentador con excesivas ansias de protagonismo: Pablo Motos.
No lo voy a negar, Pablo Motos siempre me ha encantado porque, además de ser un gran profesional, siempre ha conseguido dibujarme una pequeña sonrisa en el rostro, y eso es algo queme sucede con pocos de los llamados "cómicos" de este país. Lo descubrí presentando el programa matinal No somos nadie en M80, y lo seguí con algo de regularidad tanto en lo que a radio se refiere, como en sus intervenciones en El Club de la Comedia, hasta que abandonó ambos para emprender el proyecto de El Hormiguero en la recién nacida Cuatro. Y luego ahí consiguió captar mi total atención.
Surgía un programa nuevo, rompedor, con un ritmo desenfrenado, divertido, fresco... pero también, y es solo una opinión personal, demasiado ruidoso (excesivos gritos y bailes sin sentido alguno) y con unas entrevistas desastrosas en las que lo que menos importa es la opinión del invitado (aún me vienen a la mente la que le hicieron a Batista, wrestler de la WWE; o a Matt Dallas, protagonista de la serie Kyle XY). Pero como todo producto, siempre tiene sus más y sus menos, y no tardó en triunfar en la recién nacida cadena, catapultando a Pablo como una de las estrellas de Cuatro. Y ahí fue cuando empecé a aborrecerlo.
P.S.: Y mañana, a ponerme al día visitando vuestros blogs. ¡Hasta pronto!






